Instituto Tzapin de Medicinas Complementarias

Certificación SEP

APLICACIÓN DE LA HERBOLARIA EN TECNICAS DE MASAJE Y SPA PREHISPANICO | APLICACIÓN DE ACEITES ESENCIALES A TRAVÉS DE TÉCNICAS DE MASAJE | ASESORIA EN HERBOLARIA AVANZADA | ASESORIA EN HERBOLARIA BÁSICA |

Anuncios TONALPOUALLI Y LA MEDICINA TRADICIONAL MESOAMERICANA
(Oportunidad de ingreso)
Fecha: 2018-01-06
Los mexicanos somos herederos del calendario más exacto del mundo.
Estas enseñanzas fueron entregadas por Quetzalcóatl a Zipactonal y Oxomoco padres de la astronomía y el calendario mexicano, y así fue escrito el TONALAMATL donde está pintado el ...
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ASESORIA EN HERBOLARIA BÁSICA
(Oportunidad de ingreso)
Fecha: 2018-01-13
PRESENTACIÓN

México cuenta con una gran diversidad florística y en cuanto a la diversidad Fito terapéutica, ésta también es muy amplia y depende de las regiones climáticas y de los grupos indígenas que viven en ellas, así los datos apo...
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Medicina Tradicional Mexicana
(PERMANENTE)
Fecha: 2018-01-13
INTRODUCCIÓN

La Medicina Tradicional Mexicana constituye un elemento básico de afirmación cultural, por lo que el establecimiento de un sistema pluricultural de salud se ha convertido en una demanda de los pueblos. A pesar de que l...
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Farmacia Viviente "Tzapin"

Libro

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Inauguración de la farmacia viviente "Tzapin " del instituto del mismo nombre, en el contexto de la feria nacional de las farmacias vivientes y plantas medicinales cultivadas.

 

A todos los mexicanos y ciudadanos del mundo, su servidor Dr. Guillermo Mendoza Castelán, en calidad de catedrático de la Universidad Autónoma Chapingo y Director del Instituto “Tzapin” de Medicinas Complementarias, se les hace entrega de manera gratuita el libro FARMACIA VIVIENTE, CONCEPTOS, REFLEXIONES Y APLICACIONES, con la finalidad de que se inicien o profundicen sus conocimientos en el manejo terapéutico de plantas medicinales.

 

Descarga de forma gratuita en http:www.farmacia.viviente/Descargas.php

 

REFLEXIONES: Farmacia Viviente y Sustentabilidad

 

México se encuentra entre los primeros cinco países con mayor diversidad del planeta, es el país con el mayor número de especies de pinos, encinos, cactáceas y reptiles, el segundo en mamíferos y el cuarto en anfibios, además, alberga a 12 de cada 100 especies conocidas del planeta. Cuenta con más de 23 mil especies de plantas, de las cuales más del 50 por ciento son endémicas. Además, tiene abundantes recursos tales como mares, litorales, petróleo, metales diversos, irradiación solar y viento.

 

Bien conservados, los recursos naturales regulan el clima, aseguran el abasto de agua, la generación de oxígeno, el control de la erosión, la formación, conservación y recuperación de los suelos, la captura del carbono y otros contaminantes, la protección de las diversas formas de vida, la polinización de las plantas, el control biológico de plagas, el reciclaje de desechos orgánicos, la recreación y disfrute de los paisajes y la producción y provisión de alimentos, entre otros. Los problemas surgen de no conservar y proteger los ecosistemas, de la distribución inequitativa de los recursos y de la impunidad de quienes destruyen el patrimonio natural del país.


Sobre explotar los ecosistemas para beneficiar a los mercados, a algunas corporaciones y a ciertos grupos políticos es equivocado y peligroso porque el sustento del país, sus recursos naturales, se está desvaneciendo. La visión orientada a beneficiar los intereses privados está aniquilando el futuro de todos. Actualmente el agua dulce es poca y en muchos casos está contaminada, la cubierta forestal está fuertemente degradada, la desertificación avanza aceleradamente, muchas especies vegetales y animales están en peligro de desaparecer, la diversidad de cultivos se está reduciendo y, por si fuera poco, diversas partículas tóxicas se encuentran en nuestros cuerpos, en el agua, el aire, el mar y el campo.

 

A lo largo de las últimas décadas, la expansión progresiva del capital está cambiando negativamente, de manera vertiginosa e irreversible, el destino quienes tienen el poder económico y del pueblo en su totalidad. México ha perdido la capacidad de autoalimentarse, pero no debido a la explosión demográfica ni por las formas de organización campesina, sino como consecuencia del daño a los ecosistemas y del abandono de los productores.

 

Aunque la agricultura es una actividad milenaria, no se ha llegado a dominarla de forma racional debido a que se enfrenta a un modelo de producción excesivamente tecnificado que deteriora los ecosistemas naturales, lo cual pone en riesgo a las generaciones futuras. La agricultura “moderna” requiere del uso excesivo de energía, la cual tiene un alto costo económico y ambiental, y sin que los productos agrícolas alcancen los precios necesarios para recuperar la inversión de tiempo y esfuerzo empleados por los productores agropecuarios.

 

La producción agrícola, mediante el empleo de paquetes con alta tecnología, conlleva la aplicación de productos químicos para incrementar la empobrecida fertilidad del suelo y la alta demanda de sales minerales por parte de las variedades mejoradas, lo cual rompe el equilibrio natural de los agroecosistemas y causa daños irreversibles al suelo y al ambiente.

 

Desde el siglo XIX se desarrollaron productos sintéticos para el control de plagas en los cultivos. En el caso de insecticidas inorgánicos, se utilizaron el arseniato de plomo, arsenito de sodio, arseniato de cobre y de calcio, azufre elemental y ácido bórico, entre otros, los cuales fueron sustituidos posteriormente por el insecticida organoclorado DDT en la década de 1940, pero, en esa misma década el uso masivo del DDT produjo numerosos reportes de su peligrosidad para los humanos y animales de sangre caliente, como resultado de su larga persistencia, su estabilidad en el ambiente y su aumento de concentración en la cadena trófica.

En la década de 1950 se introdujeron al mercado productos organofosforados y carbamatos, también con efectos subletales como carcinogenia, teratogenia y esterilidad, etc. En la década de 1970 aparecieron en el mercado los piretroides sintéticos, y aun cuando se dice que son más seguros no dejan de ser tóxicos.

 

Cada año, el campo recibe al menos 15 mil toneladas de plaguicidas que contienen un centenar de ingredientes nocivos para la salud, pues hay 68 plaguicidas que pueden causar cáncer, 21 que alteran el desarrollo embrionario y causan daños reproductivos, 33 que son disruptores endócrinos, 21 que pueden debilitar el sistema inmunológico y 50 que ocasionan problemas de fertilidad masculina.

 

Los transgénicos constituyen otro de los aspectos críticos del modelo actual de la agricultura, dado que representan un intento de control de la producción de alimentos por parte de las corporaciones biotecnológicas y agroquímicas, lo cual supone una amenaza de contaminación irreversible para México como centro de origen del maíz y un despojo del patrimonio de los indígenas y campesinos mexicanos y, por lo tanto, de mayores índices de migración del campo a la ciudad.

 

La erosión genética supone la pérdida de autonomía de los agricultores, que cada vez son más dependientes de las casas comerciales de semillas, de sus políticas de precios y de los paquetes tecnológicos asociados a estas variedades. Actualmente, el 69% del mercado de semillas y el 89% del mercado de agroquímicos se encuentra en poder de diez multinacionales; además, el 82 % de las semillas que se ponen en el mercado mundial están patentadas.

 

El modelo actual de “desarrollo agropecuario” y de “progreso científico-técnico”, de la agricultura moderna agudiza el deterioro ecológico de los suelos, y aumenta las dependencias alimenticia, tecnológica y financiera de los países en desarrollo, por lo que es necesario adoptar un nuevo modelo científico-tecnológico basado en sistemas abiertos vivientes, lo cual implica un cambio radical en las ideas de progreso y desarrollo, abandonando la maximización de factores aislados y cambiando la noción de explotación de la naturaleza.

 

La desigualdad social ha sumergido a la humanidad en una crisis grave y profunda que se manifiesta en todos los ámbitos: educativo, ambiental, económico, energético, alimentario, sanitario, religioso, político, ético y moral, entre muchos más, lo cual propicia mayor depredación de los ecosistemas, contaminación, pobreza, ignorancia, hambre y violencia. La crisis ha tenido, como causa y efecto, una mayor separación del ser humano de sí mismo y de la naturaleza.

 

El México de hoy, como el resto del mundo, enfrenta el reto de proporcionar alimentación, vivienda, vestido, salud, educación y trabajo a una población en constante aumento, por lo que es necesario generar e implementar estrategias de desarrollo sustentable que contribuyan a resolver la problemática de nuestro país y satisfacer sus necesidades.

 

El bienestar de un pueblo no sólo se logra con alimentos adecuados y suficientes, sino con los satisfactores necesarios para una vida digna, entre los cuales destaca la salud como un derecho inalienable. Las plantas medicinales y la medicina tradicional juegan un papel importante en los sistemas de salud de la mayoría de los países en vías de desarrollo. El uso de especies individuales de plantas como medicamentos representa el uso humano más grande del mundo natural. El 80% de la población mundial, más de cuatro mil millones de personas, utiliza las plantas como principal remedio medicinal, según señala la OMS.

 

La práctica tradicional del cuidado de la salud depende principalmente de plantas medicinales recolectadas en el medio silvestre, aunque su diversidad ha disminuido debido a desastres naturales provocados por el hombre; además, los conocimientos indígenas relacionados con la conservación y uso de plantas medicinales están desapareciendo a un ritmo alarmante.

 

Del total de especies vegetales de México, se calcula que alrededor de 7 000 tienen algún tipo de uso, predominando aquellas con propósitos medicinales, pero no es nada despreciable el número de las empleadas en alimentación, construcción de viviendas, muebles, herramientas y artesanías diversas, ni tampoco las aprovechadas como textiles, ornamentales o con fines rituales.

 

En nuestro país se han identificado y registrado 4 000 especies con propiedades medicinales, de las cuales 3 600 se recolectan de forma silvestre, 1 500 se utilizan regularmente sin procesar, 370 se cultivan en el huerto familiar o de manera comercial y 35 especies se encuentran amenazadas por factores externos.

 

Las plantas proporcionan los ingredientes predominantes de los medicamentos en la mayoría de las tradiciones médicas, aunque del total de especies medicinales sólo se conoce en parte el 10 por ciento y la validación química, farmacológica y biomédica sólo se ha llevado a cabo en un 5% de las especies.

 

El 25% de los fármacos existentes se obtienen de extractos vegetales o se han sintetizado a partir de sustancias halladas en la investigación fitoquímica. La digitalina, la lidocaína, la pilocarpina o la dihidroergocristina son ejemplos de fármacos de uso común que pocas veces se asocian con su origen vegetal.

 

Se ha documentado que más del 85% de las especies que se comercializan en los mercados y tiendas naturistas provienen de la recolección silvestre que no cuenta con programas de manejo y carece de control. Esta situación, en algunos, casos ha generado reacciones adversas cuando son administradas por personas sin capacitación en medicina tradicional, por lo cual es necesario diseñar estrategias de aprovechamiento sustentable con base en estudios científicos sobre su conservación, uso, cultivo y comercialización.

 

Se estima que del total de especies vegetales existentes en el mundo, entre el 10 y el 20% están amenazadas.  A nivel mundial, la tasa de extinción de recursos vegetales es de 100 a 1 000 veces más alta que las tasas naturales de desaparición. Actualmente, se estima que unas 1 000 especies de plantas medicinales están amenazadas.

 

Se calcula que la cubierta vegetal del planeta disminuye a una velocidad de cuarenta hectáreas por minuto. Se estima que, cada día, cinco plantas se extinguen silenciosamente. En México, la demanda excesiva de plantas medicinales y su colecta indiscriminada han ocasionado la reducción de las poblaciones vegetales hasta límites alarmantes. Entre las especies que han disminuido drásticamente sus poblaciones se encuentran el guayacán Guaiacum coulteri; la flor del corazón o yoloxóchitl, Talauma mexicana; la flor de manita, Chiranthodendron pentadactylon; la lechuguilla, Agave lechuguilla; el tepezcohuite, Mimosa tenuifolia; el ixcate o cancerina, Hemiangium excelsum; el palo Brasil, Haematoxylon brasiletto, entre muchas otras.

 

En nuestro país, la pobreza y la ignorancia son la causa de la depredación excesiva de la naturaliza; sin embargo, la supeditación de la naturaleza a las necesidades y deseos de los seres humanos han sido vistos como un rasgo distintivo de las sociedades avanzadas; no obstante, la preocupación por la preservación de nuestro planeta es indicio de una auténtica revolución de las mentalidades que rompe con una larga tradición de indiferencia. No se trata de ver al desarrollo y al medio ambiente como antagonistas, el desarrollo agrediendo al ambiente y el ambiente limitando el desarrollo, sino de reconocer que están estrechamente interrelacionados, que la economía y el medio ambiente no pueden tratarse por separado.

 

El objetivo de la conservación es apoyar el desarrollo sustentable mediante la protección y el uso de los recursos biológicos en formas que no disminuyan la variedad de genes y especies o destruyan ecosistemas y hábitats. En general, involucra actividades como recolección, propagación, caracterización, evaluación, identificación y eliminación de enfermedades, almacenamiento y distribución.

 

El desarrollo sostenible ha sido definido por la FAO dentro del contexto de la agricultura, la silvicultura y la pesca como: “El manejo y conservación de la base de recursos naturales y la orientación del cambio tecnológico e institucional, de tal manera que asegure la continua satisfacción de las necesidades humanas para las generaciones presentes y futuras. Este desarrollo sostenible (en los sectores agrícola, forestal y pesquero) conserva la tierra, el agua y los recursos genéticos vegetales y animales, no degrada el medio ambiente y es técnicamente apropiado, económicamente viable y socialmente aceptable.”

 

El término sustentabilidad tiene tanto un contenido ideológico y político, como uno ecológico y económico. El término sustentabilidad significa que la provisión de bienes y servicios ambientales, económicos y sociales para los seres humanos se realice de manera que no reduzca en el tiempo, la cantidad y calidad de bienes y servicios que la naturaleza, la economía y los sistemas sociales pueden proveer. Aunque inicialmente el concepto fue concebido para el desarrollo macroeconómico, cada vez más se ha convertido en una definición operativa que puede ser utilizada para medir el progreso hacia una situación deseada. El enfoque tradicional del Desarrollo Sustentable relaciona tres ámbitos: el social (ética ambiental, equidad de la generación, equidad entre generaciones), el económico (el valor económico del recurso natural, el principio del que contamina paga) y el ambiental o ecológico (ley de población, teoría del predador y la presa: flexibilidad, estabilidad, persistencia, especies claves).

 

En México, la sustentabilidad ha sido asumida como base para integrar la toma de decisiones ambientales, sociales y económicas, por más de dos décadas. Y, al igual que en otros países, se ha adoptado este concepto como el principio sobre el cual se apoyan los esfuerzos para abordar los retos ambientales, pero existe escepticismo sobre cómo es abordado por parte de los gobiernos y especialmente por los empresarios, pues puede ser usado como una forma de adecuarse a la terminología oficial de los planes y programas de desarrollo, para establecer convenios interinstitucionales –y de esa manera obtener recursos adicionales para obra pública–, o como una retórica superficial para ganar votos o apaciguar clientes y socios que muestran preocupación por el cuidado del ambiente.

 

Institucionalizar la sustentabilidad en forma de reglas; como por ejemplo, en la legislación y reglamentación, puede ser útil para fomentar y hacer cumplir un comportamiento  ambientalmente responsable, y disuadir o restringir aquellas prácticas que dañen el ambiente. El modelo de desarrollo sustentable debe orientar a los países y sus instituciones para la toma de decisiones a corto, mediano y largo plazo.

 

El desarrollo sustentable implica la utilización de los recursos no renovables, con el menor impacto posible, pero garantizando la real satisfacción de las necesidades humanas. Esto significa que se debe optimizar el sistema económico tanto como la conservación de los recursos naturales de los que se depende. Porque al final, es necesario que se llegue a un desarrollo en el cual se satisfaga las necesidades humanas del presente, sin comprometer las de las futuras generaciones.

 

El término “Desarrollo Sustentable” surgió como una opción de desarrollo alterna a la ofrecida hasta entonces por los Estados, en virtud de que éste era calificado como insuficiente para ser sustituida por la lógica del mercado; al revisarse las nociones sobre la sustentabilidad, se observa que un aspecto común en éstas, es la mejora y mantenimiento, tanto de la calidad ambiental como de la satisfacción de las necesidades básicas de las generaciones actuales y futuras, objetivos que sólo pueden ser alcanzados a través de un mercado regulado y de un horizonte planteado a largo plazo con respecto a las políticas públicas urbanas.

 

Es preciso señalar que la lógica del mercado puede ser incompatible con el desarrollo sustentable, pues la idea que involucra a las generaciones futuras y las variables a largo plazo resultan ajenas al mercado, el cual se basa en la asignación de recursos y obtención de beneficios a corto plazo.

 

Por ello, el desarrollo sustentable podría conceptualizarse como un compromiso dinámico entre la demanda social por un patrón de desarrollo preferido, y la oferta de bienes y servicios tanto económicos como ambientales para satisfacer esa demanda. Considerando ambos aspectos, un área o región se desarrolla de manera sustentable cuando su capital natural, humano y el hecho por el hombre, así como su bienestar, no declinan con el tiempo.

 

El camino a seguir para alcanzar el desarrollo sustentable depende de la participación de diferentes esferas; dos de las más importantes se refieren a las instituciones políticas y académicas, las cuales cuentan con la injerencia necesaria para guiar el cambio en las demás esferas de participación. Una de las tareas fundamentales que tienen que orientar dichas instituciones, reside en la demarcación de principios sustentables, que se apliquen con el objetivo de disminuir la mala distribución de los recursos y la vulnerabilidad del ecosistema.

 

Desde la óptica consumista, la relación del ser humano con la naturaleza parece sencilla, pero es muy compleja y está entretejida con un sinnúmero de factores físicos, biológicos, sociales y económicos que deben ser tomados en cuenta para cambiar positivamente la interacción hombre-planta-ambiente, y aquí participan tanto la etnobotánica como la biosociología, las cuales no son ciencias «puras», sino que constituyen un campo teórico vinculado a un campo práctico de acción política, cuyo objeto es la reconstitución de las conexiones entre sociedad y medio ambiente; este campo práctico es el de una estrategia de ecodesarrollo.

 

En la Universidad Autónoma Chapingo, el Dr. Efraím Hernández Xolocotzi estableció las bases para estudiar la forma en que las comunidades indígenas convivían y conviven con la naturaleza y la manera como aprovechan sus recursos, para lo cual desarrolló una disciplina científica conocida como etnobotánica. “La etnobotánica es el campo científico que estudia las interrelaciones que se establecen entre el hombre y las plantas, a través del tiempo y en diferentes ambientes. En México este fenómeno se inicia a partir de la invasión de su territorio por poblaciones humanas asiáticas con conocimientos anteriores a su recolecta y de caza adquiridos en otros ámbitos: acusa un periodo largo de relaciones primarias de recolecta y de cacería; inicia los procesos conducentes a la utilización de los recursos por medio de la agricultura y la domesticación de numerosas especies de plantas y algunas especies de animales; culmina en una etapa agrícola y urbanista al momento de la conquista española; acusa fuertes impactos de infiltración cultural durante el periodo colonial; y desemboca en el cuadro actual en el cual intervienen, la persistencia de utilizaciones tradicionales de los recursos, el inicio y expansión de la llamada «revolución verde», la ampliación de las infraestructuras necesarias para configurar una unidad socioeconómica nacional, el impulso a las actividades industriales, y la formación de centros de alta concentración de poblaciones humanas.”

 

Toda intervención humana en la naturaleza altera la organización natural de los ecosistemas, en mayor o en menor grado, y más cuando se elige a una sola especie para su multiplicación como es el caso de la agricultura. Generalmente se acepta que el término cultivo no es sinónimo de domesticación. El concepto de cultivo incluye a un conjunto de formas de manejo de poblaciones o comunidades vegetales, mientras que la domesticación es un proceso evolutivo que resulta de manipular los genotipos de las plantas, lo cual no necesariamente se logra con sólo manejar el ambiente. Algunos estudios sugieren que la domesticación de plantas puede ocurrir sin que necesariamente se cultiven las plantas ex situ.

 

El desarrollo económico y social, la salud y la enfermedad no pueden concebirse separados del entorno físico, biológico y social del individuo. Toda organización vital es un sistema físico biológico de conexiones entre los seres vivos y su medio ambiente. La sociedad humana no escapa a este hecho, tanto por su origen biológico como por las dependencias funcionales y estructurales que guarda una formación cultural con su medio geográfico y ecológico.

 

Los médicos tradicionales mexicanos no entienden la enfermedad de un órgano en forma aislada, sino en relación con el resto del cuerpo y con el espíritu. Saben que las enfermedades se relacionan con el ambiente que rodea a los sujetos. Desconocen los factores microbiológicos, pero entienden su nocividad como resultado de la pérdida de la armonía con su propio cuerpo, la familia, la sociedad, la naturaleza y las divinidades.

 

Para el aprovechamiento del reino vegetal, la interacción entre humanos y plantas involucra dos formas fundamentales: la manipulación del ambiente y la de fenotipos y genotipos de plantas. La manipulación del ambiente incluye el manejo de variables como la cantidad de nutrientes, humedad, luz, temperatura, competidores, depredadores, polinizadores, dispersores, entre otras, con el fin de asegurar la disponibilidad y productividad de recursos vegetales.

 

En el caso de las plantas medicinales cultivadas, la principal deficiencia señalada es un contenido inferior de principios activos. La industria de acondicionamiento y la parafarmacéutica consideran perjudicial la presencia de cuerpos extraños, insectos, contaminación bacteriana y hongos; sin embargo, las sustancias activas (metabolitos secundarios) se producen en respuesta a las amenazas bióticas o abióticas. La industria, en caso de encontrar una calidad inferior a la demandada, en la mayoría de los casos no acepta y devuelve la mercancía, y en casos muy graves puede cambiar de proveedor.

 

Los estudios de fisiología vegetal han dejado bien establecido, sin lugar a dudas, que el metabolismo de las plantas y, por lo tanto, la producción de sustancias químicas son afectados por muchísimos factores como son: altitud; temperatura; duración del día (fotoperiodo); calidad de luz (intensidad y longitud de onda); precipitación pluvial y disponibilidad de agua; humedad relativa; características físicas, químicas y biológicas del suelo. Incluso influye la densidad de población, la presencia de insectos o sus huevecillos y las infecciones bacterianas, fungosas o virales que puedan padecer las plantas, ya que algunas sustancias producidas por ellas tienen funciones defensivas y de supervivencia. Es importante considerar que no se deben aplicar agroquímicos a las plantas medicinales ya que modifican su metabolismo y se acumulan en la planta confiriéndole toxicidad.

 

En el caso de las plantas medicinales de México, el propósito es su conservación, propagación y cultivo in situ, mediante el aprovechamiento de las variedades locales o tradicionales, las cuales se definen como el conjunto de poblaciones o clones de una especie vegetal adaptados de forma natural a las condiciones ambientales de su región. Las variedades locales son aquellas originadas por un proceso de mejora que han practicado los agricultores a través de métodos tradicionales, desde los orígenes de la agricultura hasta nuestros días. Gracias a este proceso continuo de mejora, estas variedades de cultivo están adaptadas a las condiciones locales de clima, suelo, plagas y enfermedades.

 

La herbolaria constituye un proceso que expresa relaciones sociobiológicas, y no es un mero cúmulo de recetas y procedimientos ancestrales. La herbolaria expresa una relación biológica en interacción compleja y permanente con los factores sociales. No se debe olvidar que las plantas constituyen el único enlace entre la materia inanimada y la vida.

 

Para lograr la conservación de las plantas medicinales y el desarrollo sustentable se deben identificar las condiciones y los sitios más favorables para liberar el potencial de las plantas medicinales. La contribución de la gente local en la conservación se maximizaría si sintiera que recibe beneficios significativos para la salud debido al cultivo de plantas medicinales; si recibe un ingreso apreciable de la venta local del cultivo; si atribuye importancia cultural especial a las plantas medicinales y, si se convence de que hay probabilidades razonables de que estos beneficios se mantendrán en el futuro.

 

Los trabajos de investigación, docencia y servicio realizados en el Departamento de Fitotecnia, de la Universidad Autónoma Chapingo, a través del Programa Universitario de Medicina Tradicional y Terapéutica Naturista, han permitido generar, consolidar y difundir el concepto de “Farmacia Viviente” como un espacio de investigación, docencia y servicio para propiciar el reencuentro con la naturaleza mediante el llamado a la conciencia para promover la ancestral, pero renovada, interacción y codependencia consciente entre el ser humano y el reino vegetal.

 

La Farmacia Viviente se concibe como la interacción que se establece entre los seres humanos y las plantas medicinales, a través de un proceso de reproducción equilibrado en un espacio, tiempo y ambientes determinados; además, se conceptualiza como un conjunto de especies establecidas en un lugar preciso para ser aprovechadas racional y permanentemente por los seres humanos, con el fin de prevenir o curar enfermedades.

 

El concepto de “Farmacia Viviente” no es igual al de un jardín botánico y, aunque sus objetivos y usos son semejantes, en las Farmacias Vivientes los seres humanos se involucran en una completa interrelación orgánica y energética con las plantas, aprendiendo los principios curativos y sus aplicaciones al utilizar las plantas como recursos herbolarios, económicos y sin efectos secundarios.

 

Las farmacias vivientes no pretenden sustituir a los jardines botánicos, ya que éstos son un elemento indispensable para la ciencia, de la misma forma que las Farmacias Vivientes lo son para el pueblo. Los jardines botánicos son una herramienta fundamental para los estudiosos de la botánica, como un medio para preservar la flora y para su utilización en la docencia, entre otros múltiples usos, lo que ha despertado el interés de instituciones públicas y privadas que colaboran para el financiamiento de éstas importantes reservas vegetales.

 

La base material que sustenta la Farmacia Viviente es su cualidad potencial de ser proveedora de recursos terapéuticos en el momento que se requieran, y en estado fresco, lo cual las hace más eficaces que las especies medicinales que se expenden en los mercados, por ello hablar de Farmacias Vivientes es hablar de plantas vivas y de seres humanos con necesidades concretas de salud.

 

El concepto de Farmacia Viviente no es algo estático, es dinámico en su esencia y en su práctica, pues no sólo provee recursos terapéuticos, sino que es un espacio didáctico y de conservación de especies para promover su reproducción, propagación y cultivo. El concepto de Farmacia Viviente es un movimiento con perspectivas para superarse como concepción, conocimiento y práctica.

 

Por último, los antecedentes históricos de lo que ahora denominamos “Farmacia viviente”, datan de la época del esplendor del México prehispánico, como lo señala Francisco del Paso y Troncoso: “Si los jardines del Anáhuac, de que tanto han hablado los historiadores, se hubieran establecido simplemente por ostentación, y para servir de recreo a los fundadores, no merecieran el nombre que unánimemente se les ha dado; y así como nadie ha pensado en colocar otros jardines más famosos de la antigüedad en esta categoría, tampoco lo intentaría yo con los del Anáhuac. Pero, como por jardín botánico debe entenderse el establecimiento destinado al cultivo de plantas locales y exóticas, con el fin de sacar partido de su estudio, es inconcuso que a los jardines de sus monarcas traían muchas plantas medicinales cuyo efecto se deseaba conocer o confirmar por medio de la experiencia.”

 

La información aportada por De Gortari complementa lo afirmado por Troncoso: “En los jardines botánicos los médicos indígenas pudieron organizar la investigación sistemática en una escala considerable. En estos centros de aprendizaje y de experimentación metódica, los médicos realizaban numerosas observaciones, ejecutaban profusas experiencias -incluso en su propio cuerpo- hasta que, después de haber conseguido una determinación segura y probada de los efectos producidos por las yerbas, podían emplearlas como remedios en la curación de las enfermedades. Una vez adoptado algún remedio, su empleo se propagaba con rapidez y, en muchos casos, era cultivada la planta por cada familia para tenerla a su disposición en caso de enfermedad.”

 

Es por ello que el Instituto Tzapin de Medicinas Complementarias une sus fuerzas y esfuerzos para dar continuidad a la tradición milenaria de convivencia hombre-naturaleza en la búsqueda de validar y difundir los conocimientos heredados a través de los siglos, conjuntándolos con los avances científicos actuales, para dar surgimiento al concepto de “Farmacia Viviente”, el cual puede concebirse como parte de la estrategia de sobrevivencia de la especie humana, para el abastecimiento de recursos medicinales bajo la premisa de la sustentabilidad.

 

 

ATENTAMENTE

 

Dr. Guillermo Mendoza Castelán

Director del Instituto “Tzapin” de Medicinas Complementarias


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